¿Patria o los establos de Augías?
La feroz reacción que ha desatado entre los hipócritas del país azteca la publicación del poema de Sergio Witz "La patria entre mierda", nos da una idea de la importancia que por doquier le dan las clases dominantes a los llamados símbolos patrios.
Pero es hora ya de que nosotros nos vayamos preguntando si en realidad estos símbolos tienen algún valor intrínseco o si por el contrario tienen un valor relativo que aún no terminamos de comprender.
Desde que pisamos por primera vez las puertas de una escuela comienzan a postrarnos como idiotas ante estos mal llamados símbolos patrios (la bandera, el himno y el escudo) y nos meten en la cabeza que debemos ser reverentes ante dichos símbolos. Pero los símbolos, símbolos son. A unos —a los comerciantes— les produce ganancias; a otros —a los humildes— gastos constantes y estériles, porque después de un desfile patriótico estas banderitas made in Taiwan quedan tiradas junto a latas de cervezas y otras inmundicias que se venden y se compran para rendir homenaje a la patria.
La patria, ¿qué es la patria? ¿Un trapo tricolor? ¿Un himno esclerótico y sin sentido? ¿Un conjunto de chatarras amalgamadas? ¿Un cúmulo de fechas que nada nos dicen de nuestro pasado ni de nuestro futuro? No, no, no. Patria son todas las cosas. Son los hombres, los animales, las montañas, los ríos, las playas, los árboles, las calles, los parques, los edificios y chozas. La patria son las razas. Los sueños. La vida. La educación. La moral. La justicia. La libertad. La salud. La propiedad. El agua potable. La higiene de los poblados. La patria es también el derecho de nacer y de crecer en un medio ambiente sano donde hombres y animales convivan en perfecta armonía.
Como pavitontos, los panameños nacionalistas —para citar un ejemplo conocido— hemos venido cantando loas a la patria. Al cerro Ancón. Al Canal. Y no conformes con esto, hemos ofrendado nuestra sangre generosa y nuestras propias vidas para descolonizar nuestro territorio. Pero cuando el territorio fue descolonizado, cuando la patria fue liberada, ¿acaso no fueron los mártires del pueblo los grandes olvidados y los oligarcas vendepatria los grandes favorecidos con nuestras luchas y sacrificios? ¿Dónde está la casa en las áreas revertidas que le dieron a los familiares de nuestro mártir Ascanio Arosemena? ¿Dónde viven o dónde estudian los familiares de los veintiún mártires del 9 de enero de 1964? ¿Cuántos millones de los peajes del Canal de Panamá se están invirtiendo en la educación del pueblo?
Lo cierto es que en México, en Panamá y en todas partes la historia es la misma. Millones de personas viven en la pobreza extrema. Millones se hallan desempleados. No hay agua potable. No hay trabajo. No hay dinero para la asistencia social. No hay dinero para proteger el ambiente ni voluntad para castigar a los transgresores que se enriquecen incesantemente con la impunidad oficial. No hay moral. No hay probidad. No hay comida. No hay piedad por los pobres. Todo está podrido.
Por doquier campea la corrupción. La droga. Los vicios. La maldad. El servilismo político. La mediocridad. La ociosidad. Y, pregunto yo, ¿para consolarnos debemos mostrarnos sumisos y reverentes ante unos símbolos ultrajados hasta la saciedad por las clases dominantes y por la corrupción política?
Esto no lo termino de entender. ¿Acaso yo que amo a mi patria como a mí mismo soy menos patriota porque no salgo como un bufón desfilando detrás de un tambor de escarlata made in Taiwan? ¿Acaso yo —o cualquier otro mortal— soy menos patriota si en una noche de frío devastador me arropo o arropo los cuerpos trémulos de mi estirpe con este paño sacrosanto que se llama la bandera? ¿Acaso yo soy menos patriota si no tengo letrina y me obro de puro placer o de puro dolor sobre una bandera de mi patria, de la misma manera que después de un desfile patriótico (de farsas) miles de éstas quedan tiradas en las calles, tinacos y finalmente en Cerro Patacón? No señores, no. Como decía el gran sabio patrio Roberto "Mano de Piedra" Durán: "El pueblo panameño está muy mal equivocado".
No pidáis al que sufre, al que limpia los establos de Augías, al que soñó con la patria libre un día, al que vive entre aguas contaminadas y excrementos, al que sólo visitan los políticos en tiempos de elecciones, al desempleado que sólo oye hablar de los millones que se roban los jerarcas políticos, de los viajes faraónicos, de duros hechos con puros dólares, de coimas, de corrupción, de vileza, de queridazgos y compadrazgos, de magistrados de papelillo, de diputados corruptos, de contrabandos millonarios, de inmoralidad infinita, que sea reverente con estos símbolos que son santos cuando los ofende un pobre y un trapo de fogón cuando en nombre del patriotismo las clases dominantes los utilizan para estrangularnos o para abultar sus fortunas aprovechándose de nuestra ingenuidad patriotera.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home